Ya sabés de que parte estoy en esta pelea,
de que lado del ring me tocó ponerme alguna vez,
qué lugar estaré ocupando que no me pertenece
y hacia dónde se dirigen mis lágrimas cuando dejo de llorar.
De qué manera canalizo esas ganas de abrazarte,
que otros motivos encuentro todos los días para sonreír,
por lo cual luchar por ser mejor,
por estar mejor a cada momento del día,
por aprender cada día algo nuevo y que me gratifique.
Sabés de que color pinto la vida cuando se me termina el gris,
de sobra sabés que respiré mucho tiempo al compás de tu ausencia,
que me llené de razones por las cuales evitarte
y que no lo hice a propósito,
que mi único propósito fue borrarte de a poquito
y tantos soles que no alcanzan, cuando quiero un poco más.
Sabés que soy lo que escribo mucho más que lo que aparento,
que tengo miedos que no puedo sostener,
sabés qué es que el mundo se derrumbe
cuando empezás a querer construir el segundo piso,
seguro sabés lo que es frenarse en el segundo escalón.
Sabés que detesto el frío, que varias veces nos rodeo una mariposa,
sabés que no te voy a decir de frente todo lo que pienso ahora,
porque no te quiero poner mal.
Sabés que el día no fue día por mucho tiempo,
que la noche no tuvo ningún sentido más que sentir
la ausencia de tu cuerpo al lado del mío.
Seguramente no sabrás por qué se me ocurre escribir esto ahora,
si vieras con la velocidad que están yendo mis dedos al teclado
realmente te asombrarías pues rara vez escribo tan rápido.
Pero no me estás viendo y no me dá lo mismo no, hoy al menos no.
El sol de inicios de otoño es feliz,
no se me ocurre expresión más exacta.









